El joven aristócrata, Fabrizio del Dongo, fascinado por la figura de Napoleón, arde en deseos de aventura y de gloria. La ilusión de participar en una de las batallas del emperador le conduce a la que en esos momentos se está librando no demasiado lejos de su casa. Al fin va a poder formar parte de la Historia. Los primeros cañonazos que oye y el olor a pólvora le enardecen. Corre de un lado par otro, ve soldados en retirada, descubiertas peligrosas, acometidas de caballería. El estrépito de la artilleria le ensordece, pero nada de eso le parece suficiente. Cree que una batalla digna de Napoleón ha de ser algo más apoteósico. Lo que ve lo encuentra deslucido, insignificante, escaramuzas sin consecuencias. pregunta a unos y otros donde puede encontrarse con el grueso de las tropas. Nadie le responde. Cuando acaba el día, Fabrizo no puede disimular su decepción.

Cuantos hombres, amigas mías, han estado inmersos en batallas, donde nosotras somo el anhelado y soñado campo de batalla. Cuantas veces, delante de sus tropas cuentan con detalle esas lides donde ellos son el único protagonista.
Contadme cuandos Fabrizios han luchado en vuestros cuepos sin saber que era su batalla perfecta, su afrenta mas digna, su mujer siempre deseada. Nosotras somos sin que Frabrizio lo supiera, la famosa batalla de Waterloo!!!!!
Morid con esa pena, la pena que nunca más volvereis a estar en mi.
Fdo: Bella Waterloo.